91 8S
TEATRO DE SALÓN
Repertorio dramático para niños y jóvenes.
QUEDARSE ZAPATERO
"POR D. EDUARDO GUILLEN
COMEDIA EN UN ACTO Y EN VERSO
ORIGINAL DE
D. EDUARDO GUILLEN
HXTEVA EDICIÓN
MADRID
LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO
Calle del Arenal, nún>. 1 1.
1910
_ Esta comedia, y todas las pertene-
cientes al repertorio titulado Cea tro
de Salón , son de la propiedad de los
Sucesores de Hernando, quienes se
reservan los derechos de impresión y
representación. _ Queda hecho el de-
pósito que previene la ley.
La Sociedad de Autores Españoles
es la encargada de cobrar en provin-
cias los dereohos de representación.
PERSONAS
D. Juan Cuarenta y cinco años.
Carlos Catorce años.
Manuel Trece años.
£1 Marqués de Lara. . . Catorce años.
Un aprendiz Trece años.
Imprenta de los Sucesores de Hernando, Quintana, 33.
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in 2012 with funding from
University of North Carolina at Chapel Hill
http://archive.org/details/quedarsezapatero2529guil
QUEDHRSE ZHPHTER©
(Escena última.)
ACTO UNÍCO
Despacho elegante : puerta en el fondo y laterales.
ESCENA I
MANUEL sentado en una butaca y acabando de comerse un
bollo. CARLOS en otra y estudiando.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Sí, Carlos, estudia, estudia;
trastórnate la cabeza...
¿Qué dices?
¿Que si no quieres
el bollo?...
No.
(Yendo á tomar un bollo quo hay sobre el velador
que está al lado de Carlos.)
Entonces, venga,
porque me encuentro con ganas
de comerme una docena.
(Guardándolo.) Más valiera que estudiases,
que no sabes ni una letra.
Y tú, ¿qué sabes?
Yo sé
regularmente Aritmética,
Física, Química, Historia,
Dibujo, Lengua francesa;
66861J
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel,
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
en fin, lo que es necesario
para emprender la carrera
más brillante, porque á tanto
mis aspiraciones llegan.
¿Y no sabes más?...
¿Y tú?
De números y de letras,
poco, ó mejor dicho, nada:
verdad es que mi cabeza
fácilmente se resiente...
¿Qué hemos de hacer? No es tan buena
como la tuya, y que tú
tienes gran talento...
Fuerza
de voluntad, di mejor;
mas, ya se ve, te avergüenzas
al contemplar tu ignorancia
y buscas disculpas necias,
cuando igualmente que yo,
y aun mejor, saber pudieras
todo lo que en el colegio
enseñaban... Conque, cuenta:
dinos al punto qué sabes.
Cosas con las que se llega
á brillar en sociedad
y hacer bonita carrera.
Sé bailar.
(Burlándose.) Ciencia de pies.
Tocar el piano...
Á tientas.
Cantar ópera.
Rabiando.
¡Y en velocípedo...!
¡Vuelas!
Y con la pistola...
Matas.
Manuel. ¡Y en el Skating...!
Carlos. ¡Te estrellas!
Manuel. Y ya no sé más.
Carlos. Bastante
para que de risa mueran
cuantos lleguen á mirar
tus gracias y tus proezas.
Papá nos llevó al colegio
con la principal idea
de que aprendiésemos cosas
de utilidad; después ésas.
Manuel. Pero como ya te he dicho
que padece mi cabeza...
También el Marqués de Lara,
mi amigo de todas veras,
es lo que ha aprendido.
Carlos. Sí;
mas tú no es fácil que tengas
en tu vida sus tesoros...
Manuel. (Con presunción.) Á su lado — cosa cierta-
adquiriré relaciones,
haré negocios en regla,
seré diputado siempre,
administraré su hacienda;
y una vez rico y mandando,
no hay duda que hice carrera,
sin llegar á saber nunca
regularmente Aritmética,
Física, Química, Historia,
Dibujo y Lengua francesa;
porque me bastó bailar,
cantar ó tocar á lientas,
volar en el velocípedo,
ó estrellarme con las ruedas.
Carlos. En fin, muy bien, ¡don Manuel
excelentísimo...!
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
Carlos.
Manuel.
(Indicando irse.) ¡Ea!...
No te vayas, que papá
ya pronto dará la vuelta,
y aguardar nos ha mandado.
Tienes razón...
Conque espera.
¿Y qué nos irá á decir...?
Yo lo adivino...
¿De veras?...
Sí, Manuel; hemos cumplido
los trece años, y fuera
estamos ya del colegio,
y el tiempo corre que vuela;
por cuya razón, no hay duda
que alguna cosa se piensa
acerca de nos...
Comprendo.
Hay ya que elegir carrera.
Yo le diré que ingeniero,
ó que de la Armada...
¡Aprieta!
¿Y tú?
Pues yo le diré
que me duele la cabeza,
que por ahora ninguna,
y entretanto vida buena.
ESCENA II
Dichos y el APRENDIZ de zapatero con dos pares de botitas
en la mano, cubiertas con un pañuelo.
Aprend. ¿Dan ustedes su permiso?...
Manuel. ¿Quién?...
Carlos. Adelante el que sea...
Aprend. Muy buenos días...
Carlos. Felices.
¿Qué es eso? (Señalando al pañuelo.)
Aprend. (Las muestra.) Las botas nuevas.
Carlos. ¿Los dos pares?
Aprend. Sí, señor.
Manuel. (Examinándolas.) Son muy bonitas.
Aprend. Y buenas.
Carlos. Corriente; mas mi papá
no está en casa; si te esperas... (Indicando
dinero.)
Aprend. Nada me ha dicho el maestro.
Carlos. Entonces date una vuelta.
Aprend. Está bien.
Carlos. Adiós... ¡Ah! Toma
para entretener las muelas
por el camino. (Le da el bollo.)
Aprend. No, gracias.
Carlos. Vamos, hombre...
MANUEL. (Entre amabilidad y rabia.) Chico, acepta.
Aprend. (Lo toma.) (¡Qué señoritos tan buenos!...)
(Al tiempo de salir, probándole.)
(¡Caramba, si es de canela!)
Manuel. Valientes botas, Garlitos;
apuesto á que no las llevan...
Carlos. Ya ves si papá nos quiere,
pues nos cuida, nos obsequia...
Ahora nosotros, Manuel,
debemos en recompensa
ser aplicados y buenos...
Manuel. Bien, bien, Garlitos...
Carlos. (Le quema.)
Manuel. Las estrenaremos hoy.
Carlos. Hombre, lo que papá quiera.
Manuel. Pues yo sí, porque esta tarde,
á buscarme en carretela
vendrá el Marqués, mi amiguito...
— 10 —
Carlos. ¿Y adonde vais?
Manuel. Á la feria.
Tú en casa te quedarás
dando á los librotes vueltas,
como siempre.
Carlos. Si, y por eso
á mí nunca me hace ofertas.
Mas, buen provecho.
Manuel. (Deja las botas sobre una silla.) Corriente :
cada loco con su tema.
ESCENA III
Dichos y DON JUAN
D. JUAN. ¡Ay, qué día! (Toma asiento.)
Los dos. Adiós, papá.
Carlos. ¿Viene usted malo?
D. Juan. No, no,
únicamente cansado;
después, hoy hace un calor
irresistible : ¡qué tiempo,
y qué picara estación!...
Mas queda arreglado todo...
Manuel. ¿Y para qué, papá?...
D. Juan. (Con misterio.) ¡Oh!
Manuel. ¿Una sorpresa?...
D. Juan. ¡Magnífica!...
Manuel. ¡Diga usted...!
D. Juan. Calma, por Dios.
CARLOS. (Tomándole el sombrero.)
Sí, descanse usted.
Manuel. Apuesto
á que lo odivino yo...
D. Juan. ¡Vaya...!
Manuel. Usted nos quiere mucho ..
— 11 —
D. Juan. Con todo mi corazón.
Manuel. Y jamás nos negó nada.
D. Juan. Siempre mi mayor placer
fué daros gusto, sí.
Manuel. Entonces
todo lo arregló usted hoy,
y podremos á la noche
marchar ya; digo, si Dios...
D. Juan. ¿A.dónde?
Manuel. Toma, á Vizcaya.
Usted nos lo prometió,
y nos cumple la palabra...
¿No es eso?...
D. Juan. Pues no, señor.
Manuel. Mire usted que necesito
bañarme, porque es atroz
este mareo que siento...
¡Qué cabeza!
Carlos. (Ya salió...)
D. Juan. Cosa de más importancia
es la que me ocupa hoy...
Manuel. ¿Que mi cabeza?
D. Juan. Manuel,
cállate ya, por favor.
Manuel. Corriente.
D. Juan. Carlos, escucha.
Carlos. Diga usted, que atento estoy.
Manuel. (¿Qué será?)
D. Juan. ¿No te figuras
lo que pasa?...
Carlos. No, señor.
D. Juan. Que van pronto á realizarse
los deseos de los dos :
que por fin hoy te examinas,
que ya el momento llegó
de. conceder justo premio
— 12 —
á tu gran aplicación.
Conque ánimo.
Carlos. No me falta;
pero tengo un miedo atroz,
sin embargo.
D. Juan. No bien supe,
hijo mío, que eran hoy
los exámenes de ingreso
para la Armada, veloz
me fui á ver á tus jueces...
Carlos. Si me tratan con rigor...
D. Juan. Aunque rectos, no les falta
un poco de compasión;
de modo...
Carlos. Bien.
D. Juan. Tú serás
porque has estudiado. ¡Oh!
Á otros, por desaplicados,
(Dirigiéndose á Manuel.)
los verás en un rincón.
MaNUEL. (Á" media voz y yéndose.)
Hasta después...
D. Juan. (Haciéndole quedar.) No, no; luego
tenemos que hablar los dos.
Manuel. (¡Ay de mí!)
D. Juan, (á Carlos.) Conque, hijo mío,
cerca de las doce son;
tal vez habrán comenzado.
Vete.
Carlos. ¿Usted no viene?
D. Juan. No;
porque si dudar te veo,
va á ser tal mi desazón
por no poderte salvar...
¿Me comprendes?
Carlos. Sí, señor.
— 13 —
D. Juan. Aquí te aguardo...
Carlos. Corriente.
D. Juan. Pues ánimo y atención.
Carlos. Usted descuide; presiento
que he de volver vencedor;
quiero decir, aprobado...
D. Juan. No te engañe el corazón.
Carlos. No me engaña, que me dice
que oyéndonos á los dos
está en el cielo mi madre
y suplicando al Señor.
D. Juan. ¡Que Él te bendiga, hijo mío!
Carlos. ¡Padre! (Se abrazan.)
D. Juan. Vaya, adiós.
Carlos. Adiós.
(Vase por el foro. — Pausa.)
ESCENA IV
DON JUAN y MANUEL
D. Juan. No tardaré en verle entrar
diciendo: «¡He salido bien...!»
¡Ay, Manuel! ¡si á ti también
te pudieran aprobar!...
Pero fuera vano empeño,
mejor dicho, una locura;
y tu situación me apura
y me va quitando el sueño.
Mas vida nueva; á ganar
todo lo perdido ayer,
que aún puedes llegar á ser
como quieras trabajar.
¿Por qué eres desaplicado?...
¿No estás á tu hermano viendo?
Pero, en fin, eso, en queriendo
— 14 —
está al punto remediado.
Conque así, hijo mío, verte
espero pronto en carrera,
y que venga cuando quiera
por este viejo la muerte.
Manuel. ¡Ay, padre! Si ya...
D. Juan. Á tu edad,
jqué esperanza se malogra?...
¿Y qué en el mundo no logra
la fuerza de voluntad?
Manuel. Voluntad siempre he tenido,
y de nada me sirvió;
hay que comprender que yo
para estudiar no he nacido,
pues me falta esa fijeza
que en los demás me figuro:
ó es mi entendimiento obscuro,
ó muy débil mi cabeza.
Por tanto, inútil afán
semejante pretensión...
D. Juan. Esas, hijo mío, son
disculpas de un holgazán.
Comienza estudiando poco,
y una vez acostumbrado...
Manuel. Vamos, usted se ha empeñado
en que yo me vuelva loco.
D. Juan. ¿Y has podido sospechar
en mí semejante intento?
Vaya, desde este momento
no hablemos más de estudiar.
Fuera libros de tu vista.
(Oculta el libro donde estudiaba Carlos.)
Ya ves si gusto te doy;
pero, en cambio, desde hoy
prepárate á ser artista.
¡Á ser pintor eminente!
— 15 —
Manuel. ¿Acaso para pintar
no es preciso imaginar?...
D. Juan. ¿Tampoco pintor?... Corriente.
¿Pero me quieres decir
— porque lo debo saber —
lo que vas mañana á hacer
y de qué vas á vivir?...
¿Eres rico por ventura?
Respóndeme... que lo ignoro.
¿Ó qué escondido tesoro
has soñado en tu locura?...
Manuel. Nada soñé; mas espero
hacer suerte — cosa clara — :
el Marquesito de Lara
es mi amigo verdadero.
Y sabré llegar con tino
á ser su administrador,
ó á lograr con su favor
el más brillante destino.
Sí; ya mi mente afanosa
meditó para algún día.
D. Juan. Pues eso y la lotería
son, hijo, una misma cosa.
Relación es cual ninguna,
y consérvala constante;
mas mira que al ignorante
nadie entrega su fortuna.
¿Y si reñís? (Muestra de admiración en Manuel.)
No te admire,
porque la amistad es hebra
que fácilmente se quiebra
con poco que se Ja estire.
La ciencia es omnipotente,
y el artista soberano,
y sólo alegre y ufano
está quien alza su frente;
— 16 —
y cual tú piensas, verás
las penas que se reciben,
que ¡ay, tristes de los que viven
á expensas de los demás!
Manuel. Cierto; pero yo confío
en que el Cielo siempre ayuda.
D. Juan. Aunque á su favor se acuda,
hay que ayudarse, hijo mío;
en fin, quiero suponer
que te sale bien la cuenta.
Pero ven acá...
Manuel. (¿Qué intenta?)
D. Juan. Que hay otra cosa que ver.
¿Cuántos años tienes?
Manuel. Trece.
D. Juan. Y hasta los veinte, no creo
que airoso en cualquier empleo
puedas salir, me parece.
Manuel. Sí; dice usted bien.
D. Juan. De modo,
que hasta cumplir esa edad
algo hay que hacer... •
Manuel. (Pensativo.) Es verdad. (Pausa.).
D. Juan. (Ya le he parado.)
Manuel. (Está en todo.)
D. Juan. ¿Qué harás?
Manuel. Veremos.
D. Juan. Ya sé :
por la mañana al billar,
por la tarde á pasear
y por la noche al café.
¡Son ratos muy divertidos!
Pero que al bueno avergüenzan,
porque así es como comienzan
su carrera los perdidos;
y si á más — Dios no lo quiera —
— 17 —
se nos muere el Marquesíto,
tendremos á Manolito
sin oficio ni carrera;
olvidado, solo, pobre,
desesperado, gimiendo,
y ¡hasta de aquel pan viviendo
que en alguna mesa sobre!
¡Desgracias estas que oprimen
al más fuerte corazón,
y á no haber resignación,
se concluye por el crimen!
Por tanto, hijo mío, espero ..
Manuel. Haré lo que usted me mande,
que mi voluntad es grande...;
pero estudiar...
D. Juan. Sólo quiero
que seas algo, y serás,
que el ocio al .hombre pervierte,
y si después haces suerte,
eso nunca está demás.
Yo ocupación te daré
no mirando á que te adorne;
que á tu mente no trastorne
tan sólo procuraré.
Manuel. De ese modo, sí, señor,
y veo que es necesario...
D. Juan. Mira que de lo contrario
vas á sentir mi rigor.
¿Conque conforme...?
Manuel. Y contento.
D. Juan. ¿Pondrás objeción?
Manuel. Ninguna.
D. Juan. ¿Ni una sola frase?...
Manuel. Ni una.
D. Juan. Pues esta tarde...
Manuel. Al momento.
— 18 —
D. Juan. Muy bien; tu resolución
me agrada sobremanera,
y hará que siempre te quiera
Con todo mi corazón. (Le abraza.)
ESCENA V
Dichos y CARLOS
Carlos. (Dando muestras de alegría.)
¡Un abrazo!
D. Juan. ¿Conque bien?
Carlos. ¡Perfectamente!
D. Juan. (Le abraza.) ¡Hijo mío!
No esperaba yo otra cosa...
¡Qué feliz soy!...
Carlos. ¡Ah! Respiro.
¡Cuidado y qué preguntitas
me han hecho!... Mas he sabido
contestar á todas...
D. Juan. ¡Bien!
Carlos. Aunque me hallaba intranquilo.
D. Juan. Naturalmente...
Carlos. En fin, ya
se salió del compromiso.
Ahora, de aquí en adelante,
estudiar más necesito,
que me falta estudiar mucho
para ser un buen marino,
y á usted poder atender,
y llegar á grande, á rico,
y cual otros muchos, dar
á mi patria gloria y brillo...
D. Juan. ¿Ves, Manuel, ves á tu hermano
de la dicha en el camino?...
Pero, en fin, si tú no puedes,
conformarnos es preciso.
— 19 —
Carlos. Pues si en ir tardo un minuto,
diga usted que nos lucimos,
porque me hubiera quedado
para mañana de fijo.
D. Juan. ¿Y cuánto duró el examen?
Carlos. Una media hora me han dicho;
poco, según los demás,
pero para mí fué un siglo.
Luego, en cuanto me dijeron
«¡aprobado!», pegué un brinco,
y de correr no he parado
hasta llegar á este sitio;
no sin mirar si encontraba
parientes ó conocidos
á quienes poder decirles :
«¡Mañana seré un marino!»
Solamente al mayordomo (Á Manuel.)
me he encontrado de tu amigo,
y se lo dije; á estas horas
ya lo sabrá el Marquesito,
y tal vez me tenga envidia...
¡Qué placer!...
D. Juan. Vamos, Carlitos,
descansa un poco...
Carlos. Brincar
es lo que yo necesito...
ESCENA VI
Dichos y el APRENDIZ de zapatero.
D. Juan. Pasa, pasa...
Aprend. (Entrando.) Con licencia.
Carlos, (á d. Juan.) Prepare usted el bolsillo.
Aprend. (Dando un papel á D. Juan.)
De parte de mi maestro...
— 20 —
D. Juan. (Después de leerlo.)
Perfectamente, amiguito...
Aprend. Y si puede ser; si no
vendré otro día, es lo mismo.
D. Juan. No, no; que lo llevarás,
y además un recadito
para tu maestro...
Aprend. Bien.
D.Juan. (Mirando á Manuel.)
Dos letras sólo...
Manuel. (¡Dios mío!
¿qué intenta hacer?)
D. Juan, (ai aprendiz.) Sigúeme.
(Á Manuel y con intención.)
Y tú también, ven conmigo.
(Van se por el foro; Manuel despacio y pensativo.)
ESCENA VII
CARLOS
¡Vamos, me parece un sueño!
¿Qué más quiero ya? ¿Qué envidio?
(Da algunos paseos.)
ESCENA VIH
CARLOS y el MÁRQUESITO
Marq. ¡Señor cadete, un abrazo!
Carlos. Muchas gracias, Marquesito... (Se abrazan.)
Marq. ¡Quién te lo diría!...
Carlos. Cierto.
Marq. ¡Qué fortuna!
Carlos. Grande ha sido.
Mas te lias molestado...
— 21
Marq.
¡Quia,
tratando.se de un amigo!...
Carlos.
Encontré á tu mayordomo...
Marq.
Pues en cuanto me lo dijo
eché á correr...
Carlos.
Hombre, gracias,
Marq.
¿Conque vas á ser marino?...
Es carrera que me gusta;
mas hay que estudiar, y... chico..
Carlos.
Perezoso...
Marq.
Sí, y ¡qué quieres!,
no todos somos lo mismo.
Carlos.
Bien, bien.
Marq.
En fin, otro abrazo
y cuenta siempre conmigo.
ESCENA IX
Dichos, DON JUAN, después MANUEL
Marq.
D. Juan.
Marq.
D. Juan.
Marq.
D. Juan.
Marq.
D. Juan.
Felices, señor don Juan...
Igualmente, Marquesito...
Y que sea enhorabuena,
si señor.
Gracias, querido.
¿Y Manuel? ■
(Se dirige á la puerta del foro, y en esto aparece
Manuel trayendo puesto el mandil del aprendiz.)
Pues, aquí está...
¡Tan satisfecho!...
(Con sorpresa.) (¡Qué miro!)
Como al pobre le hacen daño
las veladas y los libros,
quiere, hasta variar de suerte,
ir aprendiendo un oficio.
Luego, el trabajar es ley
— 22 —
Marq.
Manuel.
Marq.
D. Juan,
Marq.
Carlos.
Marq.
Carlos.
Marq.
Carlos.
D. Juan.
Carlos.
D. Juan.
Marq.
D. Juan.
que cumplir debe hasta el rico;
y si debe el rico, creo
que el pobre con más motivo.
Es verdad...
(¡Ay qué vergüenza!)
Ahora, don Juan, le suplico
que deje usted hoy á Carlos
venir á comer conmigo...
Bien, hombre...
(Á Carlos.) Después en coche,
y á la feria, y á lucirnos...
(Con frialdad y retirándose.)
No, gracias...
(Con seriedad.) Es un favor
que á merecer he venido...
Entonces...
Pues, cuando quieras...
¿Qué dices, papá?...
Bien, hijo.
Vamos... (Á D. Juan.) ¡Hasta luego!.
Adiós.
Señor don Juan, le repito...
Mil gracias y divertirse,
pero, señores, con juicio.
(D. Juan los despide en la puerta del foro.)
ESCENA ULTIMA
DON JUAN y MANUEL
Manuel. (¡Desengaño más cruel!...)
D. Juan. ¡Qué contentos van los dos!..
Manuel. (¡Ni la mano! ¡Ni un adiós!..
D. Juan. Y bien, ¿qué dices, Manuel?
Manuel. ¡Que cuanto usted dijo sale;
pronto el tiempo fué testigo!.,
— 23 —
D. Juan. Tan sólo el mundo es amigo
del que tiene ó del que vale.
Manuel. ¡Y yo por él obtener,
necio, llegué á presumir...!
D. Juan. Porque eso suele ocurrir
es conveniente saber.
Manuel. (Con deseo.) Si pudiera en un instante.
D. Juan. Estudiar debes ufano...
Manuel. Pero siempre irá mi hermano
con otros cien por delante.
¡Y tal lugar yo no quiero,
que ser último me duele!...
D. Juan. ¡Ya!... Como decirse suele,
te has quedado zapatero.
Y á no estudiar, lo serás
de veras toda tu vida...
Manuel. ¡Pero aun cuando me decida,
tengo que quedarme atrás!...
D. Juan. Eso veremos los dos:
¡que el hombre siempre halla atajo
con constancia en el trabajo
y con la esperanza en Dios!
FIN
TEATRO DE SALÓN
REPERTORIO DRAMÁTICO PARA NIÑOS Y JÓVENES
Obras piaTolicadas
MONÓLOGOS PAEA NIÑOS
El primer actor, por D. Pedro
J. Solas.
El valiente, por ídem.
MONÓLOGOS PAEA NIÑAS
Carta para mamá, por D. Pedro
J Solas.
La muñeca, por id.
DIÁLOGOS PARA NIÑOS
Cascarrabias, por D. Pedro .1. So-
las.
Los dos premios, por ídem.
DIÁLOGOS PARA NIÑAS
Por curiosa, por D. Pedro J. Solas
La despedida, por ídem.
DIÁLOGOS PARA NIÑOS Y NIÑAS
El secreto del Pilar, por D. Pe-
dro J. Solas.
Los villancicos, por id.
COMEDIAS PARA NIÑOS
La comedia, de Alarcón, por don
Enrique Segovia y Rocaberti.
La escalera, por D. Eduardo
Guillen.
Quedarse zapatero, por ídem.
Así sea, por D. Lope Damián
Ruiz.
Juzgar por las apariencias, por
D. Santiago Olmedo.
El dómine de Mósloles, por don
Rafael Meana.
El castillo de Fuensaldañá y la
- bodega del tío Juan , por don
Lope Damián Ruiz.
COMEDIAS PARA NIÑAS
La conciencia, por D. José del
Castillo y Soriano.
El egoísmo, por D. Enrique Se-
\ govia y Rocaberti.
Dios premia la caridad, por doña
Josefa Alvarez Pereira.
Delicias del campo, por D. Lope
Damián Ruiz.
COMEDIAS PARA NIÑOS Y NIÑAS
El secreto del tío, por D. M. Osso-
rio y Bernard.
El ahorro, por D. José del Cas-
tillo y Sor i» no.
Contra soberbia, humildad, por
ídem.
Contra avaricia, largueza, por
D. Pedro Groizard.
Contra envidia, caridad, por don
Fermín M. Suárez Sacristán.
La cima del Niño Dios, por don
Ramón Torres Muñoz de
Luna.
Revista de pobres, por D. José
Hernández y González. -
El arte de ser feliz, por ídem .
Yo pequé, por D. Manuel Sala
Julién.
La galantería, por D. Enrique
Seg-ovia y Rocaberti.
Avisos del Cielo, por D. Eduardo
Guillen.
Precocidades, por D Ramón Si-
ííuer. ■
La primera hazaña, por D. Lucio
Viñas y Deza.
El calavera, por D. Santiago Ol-
medo.
/Perdón y arrepentimiento! , por
ídem.
Quien siembra recoge, por D. Án-
gel Lasso de la Vega.
Tras el pecado la pena, por don
Gonzalo Sánchez de Neira.
El bautizo del bebé, por D. Ma-
nuel L. Esteso. -
Los pastorcillos en Belén, por la
Vizcondesa Bestard de la
Torre.
La jira, por D. Eladio Reyes.
El pobre rico, por D. Juan Re-
dondo
El arenero, por ídem.
Precio de cada comedia: 50 céntimos de peseta.
Los pedidos á la librería de los Sucesores de Her-
nando, Arenal, 11, Madrid.